24 de octubre de 2010

El tiempo sabroso en común. Blue Gallery 23 10 2010

Llevo tiempo oyendo excusas y argumentos de poco peso para no alabar a buenos cocineros. Puede ser que entre ellos, entre los propios profesionales, siempre existen suspicacias y no exista nunca un plato perfecto. Si miramos un plato de 9,5 y atendemos al 0,5 que le falta creeremos que el cocinero no ve lo evidente. Lo que le falta.



La sensación es que siempre estamos fijándonos en lo que nos falta, a todos los burgaleses nos invade siempre esa sensación que nos hace ser infelices. Es idiota porque no somos capaces de atender a lo bueno y saborearlo sin control y sin pegas. Somos escasamente realistas porque aumentamos nuestros defectos y faltas, las de los vecinos, las de los lugares en que pisamos.



Eso nos hace ser honestos para los otros, los de fuera, que aprecian que somos humildes y valoran nuestro recato por vender nuestros valores patrimoniales, históricos y gastronómicos. Puede que sea una manera de ser.

Pero es una manera de ser que hace muy poco justo el trato hacia los demás. No somos capaces de reconocer los méritos de los demás suficientemente. No vemos la parte valiosa por nuestra forma de atender a los fallos en primer lugar.

Hoy hemos comido de maravilla. Hemos comido vida y hemos hablado de ello mientras tomábamos alimentos. No puede haber buena comida sin una conversación. Es mejor una buena conversación que un buen pescado y si se dan las dos cosas a la vez, entonces estamos ante alta gastronomía, ante alta cultura. Si los platos nos sirven para hablar y entender conceptos entonces tienen un quinto sabor, que no es el umami, sino la conversación y el tiempo sabroso en común.





Y se lo debemos a Saúl y a su descarada forma de cocinar bien. A su cocina, a su madre y al arrojo que tienen para explicar lo nuevo, para sorprender y no tener miedo, para hacernos partícipes de ideas, de pensamientos cocinados.

Para los que no conocen a Saúl Gómez, y a su Blue Gallery, les diré que es una de nuestras mayores esperanzas y que formar parte de un tiempo compartido con su intuición me hace estar siempre confiado en conseguir momentos inmejorables.




16 de octubre de 2010

Sentirse lleno. Puerta Real 9-10 -2010



El sábado era llovioso y esperábamos a mi primo Víctor que se acercaba luchando contra charcos, atascos y vientos desde Madrid. Teníamos un plan sugerido por él: comer cordero. Pero además teníamos la intención de no ir a un restaurante “de sólo cordero”. Entonces me acordé del Puerta Real. Me acordé de Tasio y de que aún no había ido por allí. Es un gran restaurante y, en día de fútbol internacional en Burgos en medio de un puente, estaba lleno. Me alegré de que aún queden buenos días para alzar el ánimo de cocineros, y de hosteleros.






El ruido del comedor lleno era muy bullicioso y nervioso. Se celebraban cosas, se celebraban encuentros. Cuando Víctor llegó pasaban las cuatro de la tarde. Nos contó que por prisa, lluvia y falta de visibilidad traía el susto en el cuerpo. Había pasado peligro grave. Desde ese momento nuestra comida se convirtió en una gran ocasión. El hecho de que hubiese llegado bien nos hacía sentirnos aliviados, especialmente vivos, especialmente contentos, sumamente felices.






Y en el Puerta Real entendieron a esa felicidad tratándonos con sonrisas, atenciones y afecto. La comida quedará como una de las mejores. Recordaremos los riñones con boletus el lechazo asado; y la sensación de que el estómago se conectaba con el corazón.