7 de febrero de 2013

Grastronomía compartida Hotel Cadagua Villasana de Mena 1 -2 -2013


Esta es la entrada número 100 de este blog, y me gusta mucho que coincida con la cena del Hotel Cadagua. Fue emocionante, alegre y vital. Ahí va. (las fotos están colocadas en orden cronológico -lógico. no?)

La cena del Hotel Cadagua era una escusa para juntar a amigos. Los cocineros se conjuraron para compartir su tiempo y los que fuimos allí desde Burgos o desde otros lugares, quizás más próximos, queríamos disfrutar de esa amistad. Quiero decir que cuando cualquier experiencia pasa de ser normal a especial, todos nos sentimos más alegres de quererla compartir.




























Desde el punto de vista de los cocineros asistentes lo que se produjo fue una especie de milagro. Me refiero a que se juntaron muchos buenos cocineros, jefes de cocina, de gran talento y valía, al servicio de una idea colaborativa con la finalidad de ayudarse. Eso no se da en muchos lugares. Pasar de la competencia y competitividad mal entendida de otras épocas a trabajar en común colaborando es un paso muy largo. Y sólo puede producir buenas sensaciones presentes y futuras. Eso del movimiento gastronómico burgalés tiene que ver con esta generosidad compartida. Es su base. Creo que todos los cocineros que estuvieron allí merecen el premio del reconocimiento general, y la alegría de generar nuevas buenas realidades.













Desde el punto de vista de los comensales, la atracción de un evento así era casi irrechazable. También era una escusa para conocer a gente nueva, para reconocerla. Suponíamos que de una iniciativa tan generosa, saldríamos ganando. Y así fue.

Solo cuando encima de la mesa hay una buena conversación, una comida pasa de ser un acto biológico a ser un acto cultural, social, emocionante y humano. Se cambia de nivel. Si la organización de una jornada gastronómica procura que dicha conversación se dé en la mesa, por lo especial y sugerente del acto en sí, esas horas permanecerán en el recuerdo para siempre.









En definitiva un acto emocionante en el que se dio lo mejor que las personas pueden dar y ofrecer. Enhorabuena a los que lo hicisteis posible, y a los que lo pudimos disfrutar.

3 de febrero de 2013

Un gran día. Restaurante Hotel Spa Ceres, LERMA 4 01 2013




Siempre es un acontecimiento que lleguen las navidades y te visite uno de esos amigos que vuelve como el Almendro. En este caso un burgalés, hermano, residente en Turín, venía con ganas de comerse lo burgalés y volverse al Piamonte.

La mañana empezó juntándonos siete amigos para ir a visitar Buezo la magnífica bodega que con DO Arlanza realiza uno de los mejores vinos que conozco. Fernando enólogo de Buezo nos abrió las puertas literalmente y nos despejó todas las dudas sobre el proceso del vino. Así, la segunda fermentación no es una fermentación real sino otro proceso químico por el cual las bacterias del vino, que ha pasado la fermentación alcohólica, consiguen un ambiente menos ácido para vivir cambiando el ácido málico por el láctico. Esto que parece muy técnico es maravilloso y fácil de entender si te lo explica un apasionado del vino en su bodega.

La clarificación del vino no es ni más ni menos que arrastrar poco a poco las impurezas hacia el fondo de los depósitos utilizando clara de huevo (pasteurizada y comercializada por  Pascual u otras marcas). Buezo es una bodega de vinos de guarda, vino de larga crianza en barrica y botella, y es increíble cómo los vinos que cosecharon en 2005 y 2006 siguen frescos y jóvenes. La crianza es quien lima los picos de la uva tempranillo que se cosecha más tarde en toda la Península Ibérica, la de las riberas del Arlanza.

Fernando nos invitó a probar la singularidad de varios de sus vinos y descubrimos una calidad especial vinculada también a poder catar entre amigos y sin restricciones, reinando el sentido del humor.










 FOTOS DE MANUEL LABRADO. manuellabrado.es




La segunda parte de jornada nos llevó a Lerma. Desde hace unos cuatro años sigo desde la distancia la carrera de Íñigo Rodríguez Carballeira, un cocinero burgalés que llega habitualmente a finales de concursos importantes. Ese día por fin probamos su cocina. En un ambiente de amistad, en el que el vino iba rellenando las conversación, los platos de Íñigo nos sorprendieron. El hotel Spa Ceres era un espacio dinámico, una especie de oasis del siglo XXI, dentro de la rusticidad barroca del casco de Lerma. Los platos también eran extraños, como hechos sin contactos, muy personales y realmente deliciosos. Eso nos sorprendió y nos dejó muy satisfechos.




Probablemente en las cocinas mandan tanto los cocineros y/o propietarios como los distribuidores. Es la lucha entre el quiero y el puedo, que tantas veces se utiliza para entender las obras de arte. Acostumbrado a que las vieiras, por volver a un ejemplo claro, se pusieran de moda, básicamente por la llegada a la distribución de un producto elegante y suficiente barato, y todos los restaurantes la tuvieran en sus cartas a la vez, hechas de maneras muy similares, los platos de Íñigo se salían de esa línea.
Así, pues, para nuestra revista Siburita aún quedan cocineros que nos sorprenderán en papel, aunque ya lo han hecho fuera de él.










Respecto a la comida entre amigos, el final lo puso una partida de cartas de ese extraño juego de origen desconocido, la Olimpiada, que jugado entre hermanos González Bernal, se convierte en un lujo tragicómico del estilo de las películas de Azcona. Mi hermano Enrique, turinés en acto, me regaló poco después un tesoro literario de Pavese, La luna y las hogueras,  de lectura urgente.